¿Qué relación hay entre el sentimiento de soledad y la alta sensibilidad? ¿Las personas altamente sensibles (PAS) se sienten más solas que las demás? ¿Es verdad que necesitan más descansos?
A finales de mayo estuve en Londres.
Tuve el gran privilegio de conocer en persona a los principales investigadores del campo de la alta sensibilidad durante la 3ª edición de la Conference on Sensitivity Research, la primera celebrada en formato presencial. Es un evento dedicado a las últimas investigaciones en esta área.
Me sentí como una niña -torpe por momentos- rodeada de profesionales de renombre que hasta entonces solo había visto citados en estudios y artículos científicos como Michael Pluess, Francesca Lionetti, Veronique de Gucht o Corina Greven.
Iba con una mochila en la espalda, cual buena estudiante, cargando el último libro de Bianca Acevedo, «The Science and Art of Sensory Processing Sensitivity», y el libro que popularizó la alta sensibilidad en España, «El don de la sensibilidad» de Elaine N. Aron. Tenía la esperanza de que me lo firmaran.
Lamentablemente ninguna de ellas asistió, al menos no presencialmente.

Alta sensibilidad: Lo que la ciencia realmente dice (más allá de los mitos)
En la conferencia, varios investigadores presentaron conclusiones que podrían parecer obvias a primera vista como que las PAS se benefician más del contacto con la naturaleza o que un entorno de apoyo es clave para su bienestar.
Pero es importante entender que la ciencia no solo busca descubrir lo nuevo, también validar con datos lo que ya “todos sabíamos”.
Aunque, ¡cuidado!: muchas “verdades” que circulan en medios y redes sociales sobre la sensibilidad en el procesamiento sensorial o SPS -nombre técnico para la alta sensibilidad- no tienen base científica.
La buena noticia es que este rasgo se lleva estudiando desde hace más de 30 años a nivel mundial, en países que van desde Italia hasta Japón. También hay mucha información de rigor disponible.
Un error habitual entre las PAS: ignorar la necesidad de descanso
El día después de la conferencia, tuve la gran idea de visitar el Museo Británico. ¿Por qué no? Solo había estado seis horas concentrada el día anterior, intentando seguir complejas charlas en otro idioma, con gráficas de correlaciones y en un ambiente totalmente nuevo (sarcasmo).
En el museo vi reliquias históricas como la Piedra Rosetta (196 a. C.) o el Libro de los Muertos (1550 a.C.), leí algunos paneles informativos, procuré maximizar mi aprendizaje metiendo mi naricilla curiosa entre siglos de historia…
Hasta que, llegada la tarde, en frente de un tótem de la Isla de Pascua, colapsé.
Ya no me entraba ni un dato más. Por más que le diera replay a la audioguía para entender la relevancia de ese tótem, la información no me entraba. Mi sistema nervioso estaba sobreactivado, algo que, especialmente las PAS, debemos vigilar de cerca.
¿El resultado? Altos niveles de irritabilidad (que acabé pagando con mi pareja).
Había hecho caso omiso a algunos de los consejos para PAS que los grandes referentes en alta sensibilidad habían compartido el día antes.

Para las PAS, es importante descansar después de aprender algo nuevo
Consejo #1: Si eres altamente sensible, descansa después de exponerte a un conocimiento nuevo.
Imagina hablar con académicos de alto nivel, desempolvando tu inglés aprendido durante los años en Sheffield (estudié en el norte de Inglaterra) y esforzándote por entender a interlocutores con distintos acentos y niveles de comprensión del idioma.
Estimulante. Pero agotador.
En la conferencia, el Doctor Robert Marhenke presentó un estudio que, para mí, demuestra la importancia de hacer una pausa después de exponerse a situaciones nuevas o de aprendizaje.
Su investigación concluye que una persona que no es PAS puede terminar un ejercicio de memoria y pasar inmediatamente a realizar otra tarea sin que esto perjudique su capacidad de retención.
Sin embargo, para una persona altamente sensible, esto es distinto.
Según el estudio, las PAS necesitan una pausa para procesar lo aprendido. Descansar, justo después de recibir la información, las ayuda a asimilar los conocimientos nuevos y recordarlos mejor.
Y aquí rescato algo que aclaró la Doctora Judith Homberg sobre cómo funciona el cerebro de una persona con alta sensibilidad (y que desmiente un malentendido habitual sobre las PAS):
«La información que capta una persona altamente sensible es la misma que alguien que no lo es. La diferencia está en que el cerebro de una PAS la procesa de manera diferente: de forma más consciente, con mayor atención a la información. No es que sus sentidos recojan más información.»
Judith Homberg
Las PAS no reciben más información que una persona que no lo es, como a veces se cree.
Según la profesora Homberg, es la forma de procesar la información la que varía entre una PAS y una que no lo es. Judith Homberg trabaja en el campo de la neurociencia en el Donders Institute for Brain, Cognition, and Behaviour, en la Universidad de Radboud, en Holanda.
Te pongo un ejemplo.
Imagina dos personas viendo la misma película:
- Una PAS podría notar cómo la música cambia sutilmente en la escena triste, sentir la incomodidad del protagonista por su postura corporal o prestar atención al color del vestido de la actriz.
- Otra persona quizá solo capte la trama principal, sin fijarse en las sutilezas de la película.
Ambas recibieron los mismos estímulos visuales y sonoros, pero el cerebro de la PAS procesa más profundamente cada detalle, como si tuviera un “zoom integrado” para matices (aunque qué específicamente llama su atención depende también de su educación y experiencias previas).

Las personas altamente sensibles necesitan aislarse para recargar pilas, pero ¿cuánta soledad es demasiada?
Consejo #2: como persona altamente sensible, necesitas más tiempo en soledad para cuidar bien de tu bienestar. Pero es importante equilibrar esos momentos a solas con una nutritiva vida social.
Las personas con alta sensibilidad necesitan más momentos de soledad que quienes no lo son ya que las ayuda a regular la sobreestimulación a la que tienden. Así comenzaba su ponencia el Doctor Grant Benham, Director del Laboratorio de Estrés, Sueño y Salud de la Universidad de Texas.
Pero cuando la soledad se vuelve un escudo protector contra una carencia de habilidades comunicativas sociales (tendencia entre las PAS, como explicaba el Doctor Benham), un entorno poco favorable o la única estrategia para regular su nivel de estímulos, ese tiempo a solas puede minar su bienestar.
Como concluye el profesor en su estudio:
«Las personas con alta sensibilidad tienen más probabilidad de sentirse solas».
Grant Benham
A lo que añade:
“Podrías pensar que quienes prefieren la soledad están ‘inmunizados’ contra la soledad emocional… pero no es así.” Un estudio realizado durante el Covid reveló que las personas que puntúan alto en sensibilidad reportan mayores niveles de soledad. Se sienten más solas.
En definitiva, aunque las PAS pueden tender a aislarse como manera de protección y/o autorregulación, este aislamiento puede intensificar su sensación de desconexión emocional.
La alta sensibilidad requiere un delicado equilibrio entre la interacción social y los momentos a solas.
Las Doctoras Becky Black y Elizabeth Roxburgh, ponentes de la conferencia, señalaron este equilibrio entre socializar y estar a solas como uno de los factores principales en la salud mental de una PAS.

Nos sentimos solos cuando no nos vemos reflejados en los demás. Cuando no hay nadie al otro lado para sostener nuestras emociones. Cuando los valores y las elecciones de las personas que nos rodean no se alinean con lo que es importante para nosotros. Cuando no construimos relaciones significativas.
Nos sentimos solos cuando el único espejo en el que mirarnos es en el de la soledad.
Así que recuerda: si bien la soledad puede ser un bálsamo reparador para las personas altamente sensibles – ese espacio sagrado donde recargamos energías y reconectamos con nuestro centro – puede convertirse en una “prisión dorada”.
El verdadero equilibrio reside en alternar los momentos en soledad con conexiones sociales de calidad.
7 recomendaciones para cuidar la salud mental de las PAS, según los expertos
«La sensibilidad está vinculada a la depresión y al agotamiento (burnout)».
Así de contundente era la respuesta de Corina Greven -que ocupa una cátedra en sensibilidad ambiental en salud en el centro médico de la Universidad de Radboud- a la pregunta:
«¿Son las PAS más vulnerables en relación con la salud mental?»
Absorber las emociones de los demás puede ser agotador. Tener un sistema nervioso más reactivo que la media no es fácil de sobrellevar. Al igual que una infancia conflictiva o un apoyo emocional deficiente puede impactar negativamente la autoestima y la capacidad de resiliencia de la PAS.
Pero no hay que olvidar que las personas altamente sensibles también se benefician especialmente de las experiencias positivas y transformadoras. Y pueden usar esto a su favor.
Estas son las siete recomendaciones para el cuidado de la salud mental de las personas altamente sensibles que más se repitieron a lo largo de la conferencia:
- Realizar prácticas de meditación o mindfulness
- Equilibrar la vida social con el tiempo a solas
- Conectar con la naturaleza
- Aprender a regular las emociones y desarrollar la inteligencia emocional
- Buscar apoyo en el entorno o a través de un profesional
- Aprender sobre alta sensibilidad
- Conectar y compartir con otras PAS (si quieres unirte a una comunidad sensible para aprender sobre alta sensibilidad y maneras amables de cuidarte, esto es para ti)
Si te has visto reflejado, reflejada en este artículo, recuerda: la alta sensibilidad no es un error a corregir, sino el mapa que te indica el camino hacia tu bienestar.
El equilibrio no está en seguir fórmulas mágicas ni rutinas rígidas, sino en realizar actos tan simples como parar cuando el cuerpo te lo pide.
Yo ignoré cada alerta sutil que el cuerpo me mandó durante mi visita al Museo Británico. Pensé «¿Cómo no voy a aprovechar mi viaje a Londres?»
Pero cuando «aprovechar» implica ignorar sistemáticamente lo que sientes y necesitas, ¿cómo vas a conectar con el disfrute?
Como dice Facundo Cabral, en su famoso texto: «No estás deprimido, estás distraído»:
«No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible.»
La próxima vez que sientas ese «límite», pregúntate: ¿Qué pequeño gesto necesito tener hoy conmigo? ¿Silencio? ¿Naturaleza? ¿Decir que «no» a algo? Tu sensibilidad tiene las respuestas. No te desconectes de ella.