Escucha la entrevista aquí | Radio Onda Cero

Dedico esta entrevista con especial cariño a todas las personas que confundieron amabilidad con sumisión en algún momento de sus vidas. A quienes creyeron que ser amables significaba cuidar del bienestar ajeno a costa del propio.

A las que temen decepcionar o hacer daño porque su historia les enseñó que era su responsabilidad cómo se siente el otro.

En el núcleo de estas personas -en las que yo me incluyo- está la máscara de la persona altamente amable (PAA). Una máscara hecha de creencias aprendidas que las apartan de quiénes realmente son.

Esta entrevista en ‘Más de Uno’ de Radio Onda Cero va por vosotras, las PAA que anhelan soltar el peso de agradar y mostrarse tal como son. Que quieren dejar de estar siempre disponibles y empezar a expresar lo que llevan dentro.


Jorge Granullaque (Programa ‘Más de Uno’ de Radio OC): La tristeza, el enfado, el miedo, son emociones que a veces se nos atragantan. Y tú siempre dices que nos traen un mensaje. ¿Qué tipo de mensaje es este? ¿Cómo podemos llevar mejor, sobrellevar mejor o gestionar mejor estas emociones tan difíciles?

Andrea Bontempi: Lo primero es entender que las emociones son pilares básicos de nuestra experiencia. Estamos cada día constantemente sintiendo emociones, por más que no nos demos cuenta. Están constantemente visitándonos. Lo importante es entender que las emociones son como un bebé. Un bebé llora porque necesita algo bueno para su bienestar, ya sea comer o que le cambien el pañal.

Las emociones funcionan igual: te están señalando algo que necesitas atender y que es importante para tu bienestar. Ese enfado que se ve tanto, sobre todo en las carreteras de Madrid o en la oficina, lo que viene a decirte es: «defiéndete, pon en valor lo que es importante para ti, protege lo que es importante para ti».

El miedo, por otro lado, que también es una emoción básica, te dice: «me siento inseguro, ponme a salvo». Es una emoción que se activa cuando estamos ante algo que nos puede hacer daño, una amenaza, sea real o imaginada.

La tristeza es una emoción que te dice: «descansa, necesitas recuperarte», porque te indica que has perdido algo valioso para ti. Por todos estos mensajes que nos mandan las emociones, yo las veo como mensajeras de tu bienestar, porque vienen a decirte que algo ha desequilibrado tu equilibrio interno y qué hacer para restablecerlo.

Jorge: Vale, entonces yo estoy, cuando vengan los atascos que tenemos por delante… un mes de septiembre que, según el delegado de movilidad, va a ser intenso. Estamos en la M30, estamos en la M40 y ¡brrrr! súper enfadados. Y claro, yo me pregunto, entonces, ¿me tengo que plantear si enfadarse es bueno, Andrea?

Andrea: Sí. Te doy permiso. Te doy permiso a ti y a todos para enfadarse (risas). El enfado como tal no es malo en sí mismo. Solemos confundir mucho el comportamiento con la emoción, y no es lo mismo. El enfado es una emoción y no es buena ni mala, es necesaria y funcional.

Lo crucial es cómo te relacionas con esa emoción. Y ahí viene el famoso comportamiento que nos sale de manera aprendida y automática. Por ejemplo, con el enfado, a algunas personas les da por gritar, a otras por atacar con el típico «claro, porque tú…», señalando que es tu culpa.

Otras, en cambio, pueden haber aprendido, por lo que vivieron en casa, a callarse y acumular resentimientos. O incluso autoculparse. Hay personas que cuando se enfadan se autoculpan porque sienten una sensación de «no puedo ser esta persona». Lo ven como algo malo.

Es muy interesante e importante entender cuáles son tus patrones de respuesta. Si yo, por ejemplo, veo el enfado como algo horrible, que desestabiliza familias y es una fuente de conflicto, voy a intentar evitarlo a toda costa.

Pero el problema de evitar las emociones, sea el enfado o cualquier otra, es que pagas un alto precio. Estudios ya demuestran una relación directa entre, por ejemplo, represión emocional y enfermedad. Cuando vamos guardando esas emociones dentro, se genera una olla a presión que va a estallar por algún lado.

Ya sea a través de un ataque de cólera –las personas que tienen ataques de ira también están reprimiendo el enfado– o somatizándolo en el cuerpo. Así que hay que ser más asertivo y expresivo con el enfado. Luego hay que ver de qué manera, pero sí hay que enfadarse, Jorge, es bueno.

Jorge: Vale, aquí me estoy imaginando al Angry Birds, que aguanta tanto que acaba explotando. Entonces nos centramos en la emoción. ¿Cómo podemos enfadarnos, expresar esta emoción de una manera más sana y equilibrada? O en general, como lo que siempre nos intentas explicar, ¿cómo encontramos ese ansiado equilibrio?

Andrea: Hay un ejercicio que os voy a dar que es muy sencillo. Si no, podría estar aquí tres horas hablando sobre distintas maneras de gestionar las emociones. Pero hay uno muy efectivo y básico. De tan simple que es, a veces uno decide no hacerlo porque lo simple lo vemos como no efectivo, y no es así.

Yo este ejercicio lo llamo la triple R. Cada vez que una emoción llega, vas a hacer este ejercicio. La primera R sería «reconoce» la emoción que te está visitando. Se trata de captar a tiempo esas primeras señales corporales que te manda la emoción, que se registra en el cuerpo, para que sepas que estás enfadándote o que estás triste.

La segunda R es «respira». Para tu momento, haz tres respiraciones profundas una vez que notas que esa emoción te ha llegado. Esta pausa permite frenar ese patrón de respuesta automática que te sale, ese patrón de respuesta aprendido que queremos cambiar si no es adaptativo o bueno para nuestro bienestar.

Y después de hacer esta pausa, la tercera R es «reflexiona». Cuando notas que la intensidad emocional baja, ahora sí es momento de reflexionar con claridad y con la cabeza fría: «¿cómo quiero actuar en esta situación?».

Por ejemplo, si un día llegas sobrecargado del trabajo y notas que llegas enfadado e irritado, y ves a tu pareja en el sofá y te apetece soltarle una tontería porque tu patrón es descargar sobre el otro lo que es tuyo, en ese momento tú: reconozco que estoy enfadada, respira profundo y, tercero, reflexiona. En vez de hablar con mi pareja, que sé que acabará en conflicto, me voy al cuarto a calmarme un rato. La triple R la puedes llevar contigo en el bolsillo a donde sea que vayas.

Jorge: Vale, ahora también te digo que muchos estarán pensando: «Si tengo un día a día hasta arriba de trabajo y responsabilidades, como para estar pendiente de ir con la triple R en el bolsillo, una cosa más…». Y a estas personas que no ven operativo implementar la triple R, ¿qué les dirías?

Andrea: Les diría algo que les va a impactar. Que se hagan la siguiente pregunta: del 1 al 10, «¿qué tan satisfechos estás con tus relaciones?» Porque hay una relación directa entre un vínculo emocional sincero y profundo –esa calidad que buscamos– y tus habilidades emocionales.

Un vínculo se basa en qué siento o qué me hace sentir la otra persona. Cuando no conocemos nuestro mundo emocional, proyectamos en el otro cosas que son nuestras. De manera que podemos acabar en conflicto o con relaciones poco sinceras o auténticas.

Es muy importante reflexionar sobre tu nivel de satisfacción en las relaciones para ver si tienes que mirarte por dentro y empezar a entender y acoger esas emociones que quizás no estás acogiendo.

Jorge: ¿Tienes algún ejemplo para poder dar este primer paso para trabajar nuestra inteligencia emocional?

Andrea: Sí, hay un ejercicio que va muy bien y que yo misma hice en su día para entenderme mejor. Se trata de llevar un registro diario de tus emociones.

Para facilitar este registro, creé un cuaderno con seis preguntas que respondes cuando una emoción aparece en tu día. Es un registro que se puede hacer desde el móvil fácilmente.

Pueden encontrar este cuaderno en mi web. Se llama «28 días descifrando mis emociones» y es descargable. Te ayudará a ver y entender tus patrones de respuesta, comenzar a responsabilizarte de su mundo interior y mejorar la calidad de tus relaciones.

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